Structures de la vie – Mikel Onandia [ES]

La escultura, especialmente la escultura abstracta, es quizá la disciplina artística más difícil. Al crear estructuras, espacios tridimensionales el escultor materializa una idea en una presencia física que se muestra en toda su esencia –masa, volumen, forma, materialidad, color– ante el espectador, quien puede rodear, observar y palpar la misma, totalmente desnuda, y paradójicamente, a pesar de no referir literalmente nada –no es utilitaria ni funcional– sugiere múltiples lecturas simbólicas. Ese es su único, y gran valor –ocupar y definir su propio lugar y espacio en un contexto determinado, posibilitando nuevas miradas e interpretaciones.

 

A partir de armazones cuadriculados primarios y estables, mediante relaciones jerárquicas internas de las partes, las esculturas de Iñigo Arregi se yerguen como piezas complejas y singulares que al tiempo crean vacíos y líneas en el aire, tramas con hilos laxos –nunca sueltos– que juegan con las relaciones entre lo exterior y lo interior hasta madurar un lenguaje identificable –sin solución de continuidad– en piezas de contundente formalidad y autonomía. En los relieves –que prolongan el imaginario plástico del artista– de grafismos rítmica y cromáticamente dinámicos, la superposición de planos y el vacío interior establecen profundidades que desafían la bidimensionalidad.

 

Todo está inventado. La clave está en darle una vuelta. Y otra. Plegar, desplegar, construir, deconstruir. Inmerso en la tradición escultórica iniciada por Oteiza y Chillida, mediante la disposición y yuxtaposición de planchas, leves inclinaciones e incesantes variaciones estructurales en evolución desde lo geométrico hasta lo plástico Arregi consigue –fruto de la experimentación continua y traicionando la máxima minimalista: less is more– la concreción en la repetición, la particularidad multiplicada en cada una de las piezas en un mismo lenguaje escultórico caracterizado por asimetrías, intervenciones sobre estructuras sólidas, abrazos que unen elementos que determinan los vacíos.

 

Siempre en los límites sin llegar a rebasar nunca el equilibrio compositivo que las define, logra reposar y cuestionar la mirada, el pensamiento del espectador en la pieza que ocupa y delimita su propio espacio –structures de la vie. Es ese su único, y gran valor.

– Mikel Onandia